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LA TRANSICIÓN SOCIAL

Uno de los aspectos más controvertidos en el ámbito del debate científico sobre la diversidad de género y también una de las decisiones más difíciles para las madres y los padres de un/a niñ* trans* es la llamada transición social. Tomar la decisión de permitir al/la propi* hij* una transición social significa optar por un cambio que afecta al modo en que él/ella es percibid* por los demás, en términos de género, más allá del contexto familiar. El cambio de nombre, la decisión de emplear el pronombre opuesto con respecto al empleado hasta ese momento y de vestirse o, en general, presentarse a los demás según el género sentido (y por tanto ya no según el asignado al nacer) son los aspectos más comunes que definen la transición social. Hay que decir que se trata de un cambio completamente reversible y que, en la fase prepuberal, no tiene ninguna implicación médica.

Con todo, la decisión de hacer transicionar socialmente al/la propi* hij* es uno de los dilemas que más preocupa a las madres y los padres de est*s niñ*s que, con frecuencia, ya desde los 3 años, piden con insistencia ser reconocid*s en el género opuesto con respecto al que se les asignó. Los estudios sobre el tema presentan algunas lagunas importantes y aún hoy no es posible establecer, ni siquiera para los especialistas, qué niñ*s persistirán en su identificación con el género opuesto y cuáles, en cambio, se sentirán identificad*s como cisgénero (es decir, no trans*) o cuáles permanecerán, en cambio, en una vía intermedia. En realidad, el género es algo tan sumamente amplio y variado que hace casi imposible cualquier previsión, por ello, nuestra concentración debe aspirar a procurar la mayor serenidad posible al/la niñ*.

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