EL PAPEL DE LA FAMILIA

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Uno de los puntos principales que emerge de las numerosas investigaciones realizadas en los últimos años es que el papel de las madres y los padres de l*s niñ*s que desafían las normas de género, es de fundamental importancia para la salud psicofísica y el bienestar de dich*s niñ*s. Diversos estudios internacionales demuestran, de hecho, que aquell*s niñ*s que han podido contar desde pequeñ*s con el apoyo y la aceptación por parte de sus familias, en un futuro han demostrado niveles de autoestima y de bienestar mayores con respecto a aquell*s que, por el contrario, no han sido apoyad*s. ¿Pero cómo pueden los padres asegurar este tipo de apoyo?

Si tener un/a niñ* trans* puede ser, en su conjunto, una experiencia importante para superar los prejuicios que tenemos con respecto al género, en un primer momento sigue siendo, para la mayor parte de las madres y los padres, una experiencia muy difícil de llevar tanto a nivel emocional como a nivel práctico.

Tomar consciencia de la diversidad de género del/la propi* hij* es un proceso nada fácil que puede exigir un periodo de tiempo más bien largo, en algunos casos, incluso años. La información que tenemos a disposición es poca y los conceptos de género, identidad, expresión, sexo, orientación sexual no gozan de una comprensión inmediata. Los mismos profesionales de la salud, que con frecuencia no han recibido una formación específica en materia de género, cuando se encuentran con madres y padres que les consultan, tienden a tranquilizarles, sosteniendo que se trata de una fase pasajera y que, como tal, no hay que prestarle atención ni darle demasiada importancia. Si el discurso de la fase puede ser cierto en algunos casos en los que la expresión de género del niñ* se va alineando al crecer con la que se considera adecuada a su sexo biológico, es importante recordar a madres y padres que, efectivamente, existen niñ*s que se identifican con el género opuesto (o con ningún género o incluso con ambos géneros) y que este modo de percibirse podrá perdurar durante la adolescencia y en edad adulta.

Por lo tanto, lo primero que los padres deben hacer, que es probablemente también lo más importante, es escuchar y dar importancia a las exigencias del/* propi* hij*, sin despreciarlas o deslegitimarlas como un capricho pasajero o como el síntoma de un carácter rebelde. Por el contrario, no se debe en ningún caso y sería una equivocación tratar de corregir o modificar a toda costa su comportamiento. En primer lugar, porque sería un esfuerzo en vano: la identidad de género es el modo en que nos percibimos como varón, hembra, otro o ninguno y este sentimiento de pertenencia a un grupo es algo íntimo y profundo, algo que una simple regañina no conseguirá modificar. Además, mostrándoles nuestra desaprobación y estimulando una expresión de género que no corresponde a la deseada por el/la niñ*, est* terminará por pensar que lo que está haciendo es equivocado, interiorizando un sentimiento de culpa o de error injustificado.

Con frecuencia, madres y padres, con la buena intención de proteger a sus hij*s, deciden complacer el deseo de est*s de comportarse de acuerdo con el género sentido en casa pero se muestran inamovibles a la hora de permitir la misma libertad de expresión fuera de las paredes del hogar. La negociación sobre los límites que definen dónde y hasta qué punto es lícito (y seguro) permitir al/la niñ* infringir las reglas sociales es una fase natural de la aceptación de la diversidad de género por parte de la madre y el padre, justificada por la buena intención de protegerl*. Sin embargo, si la prolongamos durante mucho tiempo, el/la niñ* podría percibir que existe algo equivocado en él/ella, algo de lo que avergonzarse (visto que resulta embarazoso para sus padres), generando un sentimiento de culpa y de inseguridad que sería necesario evitar.

Por lo tanto, es sumamente importante que madres y padres afirmen y refuercen los deseos del/la propi* hij*, dando un valor positivo a la diferencia que encarna, más allá de lo que puedan pensar los demás. Aumentar la autoestima y la resiliencia del/la niñ* es la manera más eficaz de garantizarle bienestar y un futuro sereno.

Esto no significa negar las dificultades que pueden surgir de las relaciones con los demás. Lamentablemente, la sociedad en la que vivimos es aún transfóbica y por eso es importante explicar a l*s niñ*s que ciertos comportamientos no son siempre fácilmente comprendidos por todo el mundo y que algunas personas podrían no estar de acuerdo con su decisión de expresar libremente su género sentido. Al hacerlo, es importante subrayar que el problema no reside en él/ella y en su forma de ser, sino en esas personas que no aceptan su diversidad. Solo él/ella puede decidir quién ser y en qué modo, su madre y padre no tienen más que acompañarl* en este viaje de descubrimiento de sí mism*.

 

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